Bajo embargo hasta las 12’00 del 19-08-2000
Roma, Palacio del Quirinale,
19 de Agosto de 2000, hora 12.00
Estamos muy contentos de estar aquíi, en la feliz
ocasión de la XV Jornada Mundial de la Juventud, y le agradecemos de corazón
por habernos recibido. Están presentes además docientos jóvenes, en
representación de todos los países que participan en la Jornada Mundial de la
Juventud. Les acompañan junto a mí, el Cardenal James Francio Stafford,
Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, y Mons. Stanislaw
Rylko, Secretario del mismo Consejo,
Mons. Cesare Nosiglia,
Presidente del ComitéItaliano para la Jornada Mundial, y Mons. Ennio Antonelli,
Secretario General de la Conferencia Episcopal Italiana, junto a los oficiales
del Pontificio Consejo y a los mienbros del Comité Italiano.
Señor Presidente, uno de estos jóvenes le
presentará brevemente el significado que tiene para nosotros esta Jornada.. De
parte mía quisiera solamente expresar a Usted, como Jefe del Estado, el más
vivo reconocimiento de la Santa Sede y de la Conferencia Episcopal Italiana por
toda la atención, la solicitud, el apoyo operoso que hemos encontrado en las
Autoridades competentes y en los diversos órganos de Administración Pública en
el comprometido camino de preparación de esta Jornada Mundial y ahora en su
desarrollo.
Las noticias que nos llegan de cada parte de
Italia, donde los jóvenes peregrinos de otras naciones han sido hospedados por
las Diócesis italianas, y la misma imponente afluencia a Roma de los jóvenes
italianos, nos aseguran que el significado y el valor de esta Jornada están
profundamente sentidos y compartidos por nuestro pueblo. Así Italia y Roma se
presentan todavía otra vez, como patria de elección para el enraizamiento y el
desarrollo de la fe cristiana en la historia.
Gracias Señor Presidente, y el más cordial y
deferente augurio para Su persona y para Su alto Encargo.
Saludo
de los Jóvenes
Al Presidente del la
República
EMBARGO
HORA 12.00 DE SABADO 19 AGOSTO 2000
Señor Presidente,
Le estamos muy agradecidos por hebernos dado la ocasión de mantener este
encuentro, al cual venimos en representación de tantos jóvenes que,
provenientes de todos los continentes, han acudido en estos díias a Roma para
la XV Jornada Mundial de la Juventud.
Centenares de miles de jóvenes –más de un millón seremos esta noche-, desde
más de 160 naciones, han acogido la invitación de Juan Pablo II, así que Roma,
sede de Pedro y Capital de Italia , en estos dís –como dijo el Cardenal Camillo
Ruini– puede bien definirse « capital mundial de los jóvenes » .
Sentimos el deber de dar en su persona un gracias grandísimo a las autoridades
nacionales y locales que no sólo nos han acogido sino que han obrado con
competencia y comprensión para que nuestra estancia pudiese actualizar la
antigua enseñanza por la cual ninguno es extranjero en Roma y Roma no es
extranjera para ninguno.
La Jornada Mundial de la Juventud es un encuentro religioso, dirigido este
año al recuerdo de los veinte siglos de la Encarnación de Jesucristo, “El Verbo
se hizo carne y viene a habitar en nosotros” (Juan 1, 14). Guiados por el Santo
Padre, con nuestrso Obispos y sacerdotes, hemos meditado este evento, que tiene
un significado decisivo para la historia de todos los hombres y de todas las
mujeres de todo tiempo, cristianos y no. Lo hemos hecho con las catequésis, con
un ininterrumpido peregrinage jubilar a San Pedro, con el Via Crucis. Hoy y
mañana, en fin, en el área de Tor Vergata, con la presenzia del Santo Padre,
renovaremos nuestra elección de fe en Cristo Salvador empeñandonos a ser
testigos en el tercer milenio, en todos los países de los cuales provenimos.
Nos honra saber que también Usted y Su Esposa tomará parte en la Santa Misa de
mañana por la mañana, en Tor Vergata presidida por el Santo Padre.
La elección de ser discípulos de Jesús es también una elección de aquel
humanismo cristiano que ha modelado las culturas de tantos pueblos y los
valores más altos del vivir civil. Como jóvenes de hoy, somos conscientes de
los recursos que el Señor nos ha dado, por lo que el Evangelio se hace para nosotros conciencia críticia y responsabilidad
constructiva frente a las grandes necesidades del mundo actual, donde muchas
veces los primeros en sufrirlas son los
mismos jóvenes.
Por esto
acogemos plenamente la tarea que Juan Pablo II nos ha confiado en su mensaje
para la XV Jornada Mundial de la Juventud : puesto que Cristo ha revelado
el amor del Padre para cada criatura, entendemos ”poner cada esfuerzo para
contribuir a la edificación de un mundo nuevo, fundado en la fuerza del amor y
del perdón, en la lucha contra la injusticia y toda miseria física, moral y espiritual, en la dirección de la
política, de la economía, de la cultura y de la tecnología al servicio del
hombre y de su desarrollo integral”
(Mensaje 3). Deseamos compartir este mensaje con todos los jóvenes del
mundo y por medio de Usted queremos
entregarlo idealmente a todos los jóvenes italianos que no estarán
físicamente con nosotros, pero con los cuales sentimos compartir expectativas y
esperanzas.
Nosotros
cresemos en la paz, nosotros queremos la paz, no como un eslogan para gritar,
sino como una tarea para hacer: en primer lugar a través del respeto de la vida
de cada persona, especialmente la más débil e indefensa desde el momento de su
cocepción hasta el momento de su muerte natural; después a través del
reconocimiento de los derechos de los individuos y de los pueblos, empezando
por el acceso a la educación y a la cultura, al derecho a la liberta religiosa; la atencion concreta
hacia el asolado mundo de los pobres y la costrucción de una, cada vez más
verdadera justicia entre los hombres y entre los pueblos, que en este año
jubilar encuentra una particular expresión en la condonación de la deuda
externa de los países más pobres; la confianza en la posibilidad de redención
de todo ombre y mujer y por esto el rechazo de la pena de muerte; la oferta de
un trabajo digno para todos y nuestra responsabilidad con el futuro; la
superación de las tensiones entre los diversos países y etnias, una pacífica
concordia de la que quiere ser una semilla de esperanza la presencia, entre
nosotros, en plena fraternidad, jóvenes de diversos pueblos actualmente en
conflicto.
Señor
Presidente, conocemos su dedicación inteligente y tenaz a los valores que
venimos declarando y el afeccto que usted siente por los jóvenes, y que con
agrado habla orientándoles y animándolos.
Le damos las gracias por esta peculiar atención y le aseguramos nuestra
amistad y colaboración, los jóvenes italianos los primeros.
Queremos, por último expresar
nuestra gratitud por la acogida que nos ha prestado y por el esfuerzo realizado
por todas las autoridades para garantizar el éxito de este encuentro mundial en
la ciudad y en el país que tienen el privilegio de ser el centro de la
catolicidad en el corazón del gran jubileo del año dos mil.
Como recuerdo
de nuestro encuentro, acepte, Señor Presidente, dos regalos. Una antigua moneda
romana, de la época imperial, proveniente de Jerusalén. Ella nos envíia a los
tiempos en los que ha vivido Jesú en esta tierra y ha caminado por nuestros
caminos.
El otro, y dado
que mañana se hará peregrino con nosotros
al lugar donde concluiremos juntos el Jubileo de los jóvenes, queremos
regalarle el símbolo de los antiguos peregrinos que venían a Roma ; las
llaves entrecruzadas, signo del poder de atar y desatar los pecados encomendado
por el Señor al Apóstol Pedro, con el Rostro Santo de Aquel que solo puede
perdonar: Nuestro Señor Jesucristo.
Acéptelos junto
a nuestra simpatía y a nuestro deseo de trabajar por el bien. Gracias
Presidente.
Roma 19 de Agosto 2000