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¿Cómo podéis decir que la confesión es una alegría y una fiesta, cuando a mí siempre me ha parecido un momento triste y pesado?
Lo que experimento cuando recibo este sacramento es la alegría profunda de sentirme plenamente amado; la alegría de descubrirme como una persona nueva a la que se le ha quitado todo tipo de deuda, como si nunca la hubiese tenido. Siento el entusiasmo de poder empezar de nuevo cada vez.
¿Os parece oportuno introducir durante la JMJ algo tan anticuado como la confesión? Desde hace años que en mi parroquia sólo se confiesan los más viejos...
Creo que a un joven peregrino en búsqueda de la propia vocación 300 confesionarios le puedan interrogar sobre el valor de este sacramento. Faltar al amor..., darse cuenta..., pedir perdón para volver a empezar con un corazón nuevo... no me parecen acciones unidas a la edad, sino a comportamientos del corazón. Me parece que acostumbrar a nuestro corazón a amar cada vez más intensamente y a permanecer en comunión con aquel que es el Amor, es un esfuerzo no sólo de los más viejos.
¿Cómo es que se ha pensado organizar una celebración de la penitencia multitudinaria? ¿La confesión no es algo esencialmente privada?
Seguramente el momento de la confesión es un encuentro totalmente personal con el abrazo exclusivo que el Padre reserva a cada uno de sus hijos. La alegría de una nueva conversión es de toda la Iglesia y ésta se manifestará públicamente en la fiesta que los jóvenes harán con nosotros al terminar la celebración del sacramento. Además la preparación comunitaria de este momento quiere ofrecer a todos la posibilidad de interrogarse a fondo para autoexaminarse y ser signo visible de una Iglesia penitente que desea cada vez más gustar a su Señor.
¿Qué sentido tiene celebrar un sacramento en un contexto particular? ¿No se corre el riesgo de que se quede en un momento aislado en mi vida?
Sí, efectivamente se corre ese riesgo. En esto veo un gran reto de cada uno consigo mismo, en el prepararse a este momento con profundidad para poder vivir el sacramento como un encuentro personal e íntimo que renueva. Preparada así, la confesión en la JMJ 2000 puede ser una etapa del camino de conversión de cada uno que habrá que continuar una vez de vuelta a casa.
Participemos todos juntos en la XV Jornada Mundial
de la Juventud del 2000
Vivamos con entusiasmo y participación la Jornada Mundial de la Juventud
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