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I - EL
JUBILEO DE LOS JÓVENES
La Jornada Mundial de la Juventud
de Roma en el 2000 se propone como una experiencia de fe, que hay que comprender y vivir
en el espíritu y con los significados del Jubileo, convirtiéndose de esta forma en el
Jubileo de la Iglesia joven. (Programa
pastoral, 1).
La XV Jornada Mundial de la Juventud de
Roma se celebra en el contexto del Gran Jubileo del 2000 y por tanto comparte su
significado, asume los dones y las exigencias de este extraordinario acontecimiento de
gracia. Por esto es importante comprender su sentido y las implicaciones operativas.
1. La Jornada Mundial de la Juventud en
el contexto del Jubileo
Nuestro documento de referencia es la
Carta apostólica Tertio millennio adveniente (TMA) de Juan Pablo II. De ella
están tomados el cuadro teológico-pastoral y el mismo tema centrar (cf. TMA, 3) de la Jornada Mundial de la Juventud del 2000,
cuyo contenido tiene una relevancia realmente radical y universal: "La Palabra se
hizo carne, y habitó entre nosotros" (Jn 1,14).
1.1. En el centro del Jubileo y de la
Jornada Mundial de la Juventud está el acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios,
y por tanto su misión de Redentor del mundo. En este misterio de la Encarnación, según
la enseñanza de Pablo (cf. Gal 4,6-7) se nos ha dado
al mismo tiempo "la revelación del misterio trinitario y de la prolongación de la
misión del Hijo en la misión del Espíritu Santo" (TMA,
1) [cf. Ficha El misterio de la Encarnación].
Sintetizando, podemos decir que en el corazón de la
Jornada Mundial de la Juventud se coloca el don renovado que Dios hace de sí mismo al
mundo en Jesucristo, con plenitud y autenticidad, según la revelación
bíblico-cristiana.
La lectura y la meditación de la Tertio millennio
adveniente, enriquecida con ulteriores intervenciones del Papa, sobre todo con su
Mensaje para las Jornada Mundial de la Juventud de 1999 y del 2000, y articulada según el
Programa pastoral, constituye el documento-base de la Jornada Mundial de la Juventud
del 2000.
1.2. La inspiración jubilar, que
como bien sabemos tiene su primer fundamento en la biblia, en la Tertio
millennio adveniente recibe algunas connotaciones que conviene retomar, profundizar y
desarrollar pastoralmente. Recordamos cuatro de ellas.
1.2.1. La primera y la más central ve el
Jubileo como un extraordinario tiempo religioso, de reconocimiento de los dones
recibidos de Dios (la tierra y sus bienes, la vida, la libertad y la dignidad de
miembros del pueblo de Dios) y, sobre todo, de nueva adquisición por la misericordia
de Dios de todo lo que se había perdido a causa del pecado y del mal. Por este motivo
el Jubileo es un tiempo de alegría, de regocijo (cf. TMA,
9-16).
Más concretamente, la persona de Jesucristo es el don de
Dios que, con inaudita grandeza, se manifiesta a los hombres en la plenitud de la
revelación del Nuevo testamento. Él es el don de Dios por excelencia, que hay que
reconocer y agradecer; del que hay que acoger la novedad de vida, porque en Él
"Dios, con la Encarnación, se ha introducido en la historia del hombre" (TMA, 9). Por esto el Jubileo es de verdad un "año de
gracia del Señor" (cf. Lc 4,16-21) y
muestra que la misión mesiánica de Jesús continúa eficazmente entre nosotros (cf. TMA, 11).
Reconocer a "Jesús recibido" para volver a
acoger a "Jesús de nuevo reconocido" en la fe como único Salvador del mundo,
es la íntima y significativa dinámica jubilar, que proporciona los objetivos y los
contenidos de la Jornada Mundial de la Juventud.
1.2.2. Esta gozosa acogida de Cristo
como "don" total sólo es posible con la sincera conversión del corazón,
mediante los signos de la penitencia sacramental y extrasacramental; con la oración
humilde; con el proposito de volver al Señor, de renovar la Alianza rota o debilitada por
el pecado (cf. TMA, 14). Encuentra
verdaderamente a Dios quien lo encuentra en su misericordia de Padre.
La componente penitencial es parte integrante de la
dinámica del Jubileo y no se puede descuidar bajo ningún motivo, manteniendo el sentido
de la gran Tradición cristiana y adecuándola en el anuncio y en los signos a la
condición juvenil.
1.2.3. El don de la misericordia del
Padre se prolonga como misericordia entre sus hijos.
Pertenece a la misma naturaleza del Jubileo la llamada a
reconstruir la justicia social, a la reconciliación entre los adversarios, a la búsqueda
de fraternidad, a la opción preferencial de la Iglesia por los pobres y los marginados, a
la solidaridad generosa y convencida con los débiles y los oprimidos. "El compromiso
por la justicia y por la paz, marcado por tantos conflictos y por intolerables
desigualdades sociales y económicas, es un aspecto sobresaliente de la preparación y de
la celebración del Jubileo [...]. A la crisis de civilización hay que responder con la
civilización del amor, fundada sobre valores universales de paz, solidaridad, justicia y
libertad, que encuentran en Cristo su plena realización" (TMA,
51-52).
El testimonio de Jesús, mediante sus palabras y obras, se
convierte para cada discípulo en significativa praxis de vida en la caridad, condición
de la opción de fe en Él.
La meditación de la Sagrada Escritura, Antiguo y Nuevo
Testamento, sobre el significado del Jubileo, entendido en la novedad del "año de
gracia" anunciado por Jesús en Nazaret, con la exigente invitación a la
conversión, a la penitencia, a la reconciliación, a la oración y a la caridad, será
una camino privilegiado para comprender correctamente la mentalidad jubilar.
1.2.4. El horizonte jubilar se
caracteriza por una cualidad totalmente específica: es una propuesta al mundo de los
jóvenes, sus interlocutores son hombres y mujeres jóvenes de todo el mundo y de
nuestro tiempo.
Juan Pablo II ofrece una motivación que habrá que
profundizar durante todo el recorrido jubilar de los jóvenes: "El futuro del mundo y
de la Iglesia pertenece a las jóvenes generaciones". Por esto el Papa les confía
una misión específica: "seguir el camino que Él [Cristo] indica", para
"aportar su propia contribución para su presencia en el próximo siglo y en los
sucesivos, hasta la consumación de los tiempos" (TMA,
58).
De acuerdo con esta clara y fuerte perspectiva
profética y misionera, que concierne a la historia y a toda la humanidad, se anunciará,
celebrará y vivirá el camino del Jubileo dentro de la Jornada Mundial de la Juventud del
2000 [cf. Ficha Los jóvenes].
2. La Jornada Mundial de la Juventud como acontecimiento
jubilar
La propuesta y la experiencia de la fe pide que sea
traducida y vivida por los jóvenes y por las jóvenes con formas y lenguajes adecuados
a su condición.
La Jornada Mundial de la Juventud del 2000 resalta algunos
acontecimientos y signos (por ejemplo la peregrinación, el paso a través de la Puerta
Santa, la profesión de fe...), sobre los que hay que reflexionar y que cada grupo tiene
que hacer operativos, para que lleguen a ser signos comunes y compartidos.
2.1. La celebración de la Jornada Mundial
de la Juventud también prevé una real experiencia de conversión y de penitencia, que es
parte de un camino de fe concreto y visible camino de fe, que tiene como elementos
constitutivos la oración, los signos y las obras, y donde se profundizan los contenidos
penitenciales propuestos por el Papa en la Tertio millennio adveniente. En esta
experiencia la celebración del sacramento de la penitencia, recibido personalmente
y vivido comunitariamente, es al mismo tiempo punto de partida y de llegada.
2.2. En este cuadro, la Jornada Mundial de
la Juventud dispone de un "icono" específico, fácil de entender, cargado de
sentido teológico y de resonancias existenciales: es el "paso por la puerta
santa" en la Basílica de San Pedro y, análogamente, en las otras basílicas romanas
y en la catedral de la Iglesia local. Es necesario que este rito sea oportunamente
"evangelizado". A partir de las palabras de Jesús: "Yo soy la puerta; si
uno entra por mí, estará a salvo" (Jn 10,9),
se tratará de suscitar, a nivel personal y comunitario, el sentido de pertenencia a
Jesucristo, Pastor único y bueno, como opción consciente, irrevocable y fiel. Se tendrá
presente que el paso por la Puerta Santa en el "año de gracia" del Señor
quiere expresar el acceso a aquella "sobreabundante misericordia" del Redentor,
en el misterioso contexto de la comunión de los santos, que resana los daños causados
por el pecado obteniendo la gracia de una ferviente caridad, y que, con el lenguaje
tradicional de la Iglesia, llamamos "indulgencia" (cf. TMA,
14).
2.3. En la lógica del don que anima todo
el acontecimiento jubilar, se les propone a los jóvenes que tengan algún gesto concreto
de caridad, preferentemente con los mismos jóvenes. Es conveniente que este signo, que
puede ser un proyecto que continúa después del año jubilar en la propia Iglesia y
comunidad local, refleje el sentido de la caridad jubilar, es decir de la acción de
liberación, de justicia, de reconciliación, de solidaridad y de paz.
3. Propuestas para la fase de preparación
Dado que la Jornada Mundial de la Juventud se celebra en el
mes de agosto del 2000, se propone que, durante la fase de preparación inmediata, los
jóvenes promuevan en su Iglesia local una compartida y fuerte experiencia de
peregrinación a la catedral, o a la iglesia más antigua, o a un santuario diocesano...,
donde podrán celebrar con el Obispo el sacramento de la Reconciliación y renovar la
profesión de fe en Cristo Señor. |